sábado

10 de Septiembre de 1933

Las copas rebosantes y los cantos jubilosos anunciaban la partida de los valientes quienes intrépidos surcarían los mares hacia las misteriosas tierras del sur. El trabajo arduo había rendido sus recompensas y los miembros de la expedición celebraban su último día en tierra antes de que zarpáramos a bordo del Gabrielle. Sin embargo la alegría y los festejos se vieron interrumpidos por noticias terribles.

Poco antes de las 21 horas del nueve de septiembre, recibimos aviso en el hotel que un incendio se había desatado en el muelle donde se encontraba atracado nuestro barco. Enormes lenguas de fuego se alzaban desde los cobertizos donde estaba la carga que aún no había sido llevada a bordo. Mucha de esa carga eran varios centenares de barriles de gasolina que eran llevados a la cubierta del Gabrielle con ayuda de varias grúas. Los marineros y el personal de puerto comenzaron a combatir las llamas con valor, pero estas se rehusaban a ser sofocadas y los esfuerzos duraron varias horas antes de que el siniestro estuviera bajo control.

Varios miembros de la expedición tuvieron un papel importante en los esfuerzos por controlar el incendio. Gracias a ellos el Gabrielle no sufrió ningún daño, además de que un responsable fue capturado y llevado a las autoridades. Se trataba de un malviviente que merodeaba aún la zona llevando consigo un contenedor de combustible. Fue interrogado por la policía pero sus respuestas fueron vagas.

Aventurar una conclusión sería precipitado. No obstante, no puedo pensar en otra persona que no sea Acacia Lexington como la autora de el abominable hecho que tuvo lugar anoche en el muelle donde se encontraba atracado nuestro barco, el SS Gabrielle. Estas sospechas se ven acentúadas por el hecho de que de manera arribista, el Tallahassee, el barco de su expedición zarpó subrepticiamente, mientras nuestros valientes hombres combatían el incendio.

Lamento profundamente la muerte de los estibadores que fallecieron en el incidente. Rogamos por el eterno descanso de sus almas y serán recordados como personas que han hecho posible la realización de esta expedición.

Sin más por el momento, no me ha quedado otra opción sino la de anunciar oficialmente que la expedición se retrasará por varios días hasta que podamos recuperar los pertrechos perdidos durante el incendio.

Es lamentable que hayan tenido lugar estos sucesos y cuando averigüemos quien se encuentra detrás de todo esto, le haremos pagar.

James Starkweather
Jefe de la Expedición Antártica Starkweather-Moore

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